Golpe de Estado electoral en Euskadi

Es increíble estar escuchando estos días en las televisiones, radios y leyendo en prensa que “Euskadi vuelve a la normalidad democrática”, lo cual asume que llevan treinta años de “excepcionalidad” democrática. Esta normalidad parte de una de las mayores “fisuras” que puede tener un sistema electoral, dejar fuera de las instituciones a un número importante de votantes, que en este caso podemos cifrar en unos 96.500 votos nulos (votos nulos de las elecciones 2009 menos el voto nulo “técnico” en las elecciones de 2005).

 

Otro de los datos que se repiten insistentemente, es que los “españolistas” han sacado más votos que los “nacionalistas”, lo cual es simplemente mentira, los votos de PNV, EA y Aralar suman 496.591 y los de PSE, PP y Rosa Díez suman 482.839. Todo esto sin contar con EB, que antes de las elecciones eran nacionalistas y después de las elecciones dejaron de serlo para muchos de los comentaristas políticos, sin duda sorprendente. Con lo cual el “vuelco electoral” del País Vasco es un “vuelco parlamentario”, derivado básicamente de que cada provincia vasca elige 25 diputados y Álava que es la menos poblada es la más afín a los partidos españolistas (en esta provincia saca el diputado Rosa Díez, para entendernos).

 

Es cierto que todos los sistemas electorales son imperfectos (no reflejan con exactitud en número de escaños el número de votos) y por lo tanto se puede considerar legítimo que haya más diputados “españolistas” que “nacionalistas”, pero no se puede mentir de forma descarada diciendo que tienen más votos. Pero no es menos cierto que un Parlamento polarizado como el vasco, que el “bloque” ganador sea el menos votado debería llevar a una reflexión profunda a los líderes políticos vascos.

 

Me imagino que el lector ya se habrá percatado de mi uso intencionado de “españolistas” y “nacionalistas”, frente al usado en estos días de “constitucionalistas” y “nacionalistas”. Este uso tiene el objetivo de desmontar una más de las tendenciosas “percepciones” de los analistas políticos, que consideran que un partido que quiera modificar la Constitución para cambiar el régimen jurídico vasco (pacíficamente se sobreentiende) no es constitucionalista, mientras que Rosa Diez que defiende una modificación de la Constitución para recentralizar competencias en el Estado central si es constitucionalista, lo que vuelve a ser sorprendente, ¿no? Este tipo de “connotaciones” muestra la falta de independencia y rigurosidad de la mayoría de los medios de comunicación estatales.

 

Otra de las grandes mentiras que se están escuchando es que los nacionalistas perdieron votos, lo cual vuelve a ser mentira, ya que en el 2005 PNV-EA y Aralar sacaron 41,01 % y en el 2009 sacaron 48,29 %, eso sí como la participación electoral bajó del 68 % al 65,88 % la suma de votos bajo, igual que pasa con los partidos españolistas. Sin embargo este dato es cierto si sumamos los votos de PCTV (llevaría a los nacionalistas al 53,45%) en el 2005 pero nos negamos a contabilizar los 96.500 (un 8,45 % aproximadamente) votos nulos que se puedan adjudicar a la izquierda abertzale en el 2009 (llevaría a los nacionalistas al 56,74%), pero eso ni es serio, ni ético y sólo es permisible cuando se hace una verdadera campaña de justificación de estas elecciones.

 

Cualquier analista puede hacer una visión personal de los datos electorales y sacar conclusiones de acuerdo con sus puntos de vista o posicionamientos teóricos, lo que no es admisible es que se engañe a la opinión pública sin tapujos, simplemente porque se considera que es resultado es “bueno” desde la mayoría de los medios de comunicación estatales.

 

Interprétese como se interprete, lo que no es discutible es que en las elecciones al País Vasco del 2009 las opciones nacionalistas han sido más votadas que las opciones españolistas y que el aumento espectacular del voto nulo (de 4.035 a 100.924) sólo es justificable por el llamamiento de la izquierda abertzale a esa opción y si sumamos ambas tendencias estas suponen más de las mitad de los electores del País Vasco, sin embargo, salvo sorpresa mayúscula, se formará un gobierno españolista.

 

Y lo que uno piensa modestamente es que cuando el bloque más votado no gobierna y más del 8,00 % de la población no se siente representado en las instituciones y la clara mayoría electoral no puede configurar el gobierno, estamos más cerca de un “golpe de estado electoral” (es decir logrando el resultado deseado modificando las condiciones del sistema electoral a nuestra conveniencia) que de una vuelta a la normalidad democrática.

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