Albo, Vesuvius y Marruecos

julio 15, 2009

 

Estos días podemos leer en la prensa que los empresarios españoles del sector agrícola instalados en Marruecos están molestos con los trabajadores porque están exigiendo sus derechos laborales y sociales. Según la versión de los empresarios españoles estas protestas se fundan en las mentiras que los sindicatos cuentan a los trabajadores, especialmente a las trabajadoras analfabetas, y yo me pregunto si no tendrá que ver con pagar el salario mínimo diario de 5 euros y estar facturando miles de euros con lo que produce ese trabajo.

Esta noticia, que puede parecernos muy lejana, no es otra cosa que el efecto de la globalización económica, del control de los estados de los flujos poblacionales y las prestaciones sociales, todo ello unido a una represión creciente sobre todos los movimientos antiglobalización y los trabajadores.

Estos efectos los sufrimos nosotros en Asturies, con la marcha de Albo de Candás, la de Vesuvius del Nalón, y en otras muchas empresas de Asturies que cierran su actividad sin motivos que lo justifiquen, después de aprovecharse de una estructura socio-económica que pagamos entre todos y en muchos casos de subvenciones y otras ayudas.

¿Pero qué podemos hacer nosotros en Europa con lo que hagan unos empresarios en África?, parece que nada ¿verdad? Sin embargo, si que podemos impedir que esos empresarios y sus productos hagan negocio en Europa y por lo tanto aumentar el coste de abandonar Marruecos ante un conflicto laboral. Europa es el principal mercado mundial y por lo tanto su influencia como consumidor enorme, no necesitamos regular África, sólo tenemos que cambiar las normas de la globalización capitalista que tan bien viene a unos pocos.

No apoyar a los trabajadores marroquís es admitir el chantaje miserable de los grandes empresarios, las multinacionales y de la derecha encabezada por el PP y secundada cada día más por el PSOE. Si los ciudadanos europeos no exigimos que las empresas que comercializan sus productos en nuestros estados respeten unas normas sociales básicas, los trabajadores de los países desarrollados viviremos un proceso de precarización por la amenaza constante de la deslocalización empresarial y por la presión del flujo de trabajadores “ilegales” que huyen de la miseria y que están dispuestos a trabajar por “casi” nada. Por otro lado los trabajadores de los países en vía de desarrollo no tendrán los recursos necesarios para lograr un desarrollo social y cultural que garantice un progreso sostenible, dado que la falta de coberturas sociales y la pérdida de recursos humanos, les hará muy vulnerables a los caprichos de los empresarios que inviertan en estos países, especialmente cuando sean extranjeros y no tengan coste alguno por sus atropellos y Europa les reciba con los brazos abiertos.

El concepto de “aldea global” no quiere decir otra cosa que si apoyas a los empresarios españoles que quieren abandonar Marruecos, estás apoyando la marcha de Albo de Candás. Como en todas las aldeas si nadie para al cacique, el cacique acabará aprovechándose de todos. Pero si todos entendemos que somos vecinos y que sólo con unas normas universales podemos garantizar nuestro propio desarrollo, estaremos dando un paso de gigante para acabar con el poder del cacique que se basa en nuestros miedos, temores y supersticiones. Este modelo de globalización económica fomenta estas ideas y nos asustan con sus profecías apocalípticas si nos atrevemos a cambiar el sistema económico, tal y como predican el PP-SOE y sus lacayos de UGT y CCOO. Sólo un ataque a este modelo puede abrir una pequeña esperanza a los trabajadores en general.

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El negociu del drechu a la vivienda

julio 2, 2009

 

El sorprendente artículu de la conseyera de Bientar Social y Vivienda, Noemí Martín, “La vivienda es un derecho, no un negocio” ( http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009062500_42_773387__Asturias-vivienda-derecho-negocio) talamente paez camudar les perres pa caltener les promociones privaes de pisos que nun se venden anguaño, nun modelu social de política de vivienda. Asina comprar pisos llibres pa convertilos en pisos de protección oficial ensin salida nel mercáu, ye dicir que va quedar con ellos Vipasa (empresa pública pa la promoción de la Vivienda) o bien sovencionalos, ye’l gran apueste de la conseyera de Vivienda.

 Noemí Martín entama diciendo nel so artículu que la so política va a la busca de que “la especulación inmobiliaria deje paso a la planificación de las necesidades y la prevalencia del interés general” y yo pregúntome que si ta penriba esi interés por qué se caltienen los planes diseñaos na dómina de la especulación urbanística o por qué nun se paren los proyectos de construcción de viviendes que nun son necesarios pa la ciudadanía pero si pa xubir el censu de viviendes vacíes.

 El segundu puntu que sorralla la conseyera de Vivienda ye la xuba de los fondos públicos pa la so estaya y la xuba del parque de viviendes disponible con dalgún tipu de protección. Esti aspectu que podría paecer positivu, va tener un efectu “perversu” nel accesu a la vivienda de los asturianos y asturianes, porque los fondos públicos, esos 280 millones d’euros, van usase pa convertir pisos llibres, ye dicir de promociones privaes y diseñaes pa vendese a preciu de mercáu en plenu boom inmobiliariu, en viviendes con dalgún tipu de protección; colo que ta facilitándose que los promotores puedan sacar el so stock de viviendes aprovechándose de sovenciones públiques. 

De les “casi 11.000 viviendas protegidas nuevas” que se garanticen na tribuna de Noemí Martín, les más d’elles yá taben proyectaes polos promotores privaos o yeren planes a desarrollar pola iniciativa privada, como nos casos de “Prado de la Vega” n’Uviéu, Roces en Xixón, o la Madalena n’Avilés; proyectos que de sópitu tresformaron en públicos. Datu que la conseyera omite por mieu a que pierda “ganchu” el so artículu.

 Podría dicise que de toles maneres tenemos pisos más baratos, pero eso tampoco ye verdá puesto que si invirtiéramos eses perres en facer promociones públiques o fomentar el cooperativismu de viviendes, obligaría a los promotores a baxar los precios tal y como ta pasando n’otres zones del estáu, en dellos casos perbaxo de les propies viviendes de protección oficial. Con esto quier dicise que l’Alministración Pública ta garantizando-y la salida a promociones privaes financiaes con fondos públicos.

 Por embargu la cara más demagóxica del artículu ye la que-y dedica la conseyera al emplegu, yá que sostién que “la ejecución de las inversiones previstas supondrán la creación de empleo y el impulso a la actividad económica en general” cuando si lo que se quier garantizar ye que les promociones nun se paralicen hai mecanismos llegales pa obligar a que se faigan nos plazos afitaos polos planes urbanísticos que correspuendan, lo que desixe ensin dulda voluntá política y non perres. Anguaño tamos gastando dineru en viviendes yá llevantaes, pa pasar pisos llibres a una bolsa de viviendes públiques, en cuenta d’invertir en nueves promociones públiques de viviendes, dexando que los promotores privaos asuman el riesgu empresarial qu’hasta’l momentu-yos vien dando guapos beneficios ensin que nadie sepa ónde tán. Amás, les promotores a les que se-yos meten fondos públicos nun van construir más viviendes que les que tienen proyectaes y que como indicamos puede obligase a rematar.

 Nun vamos negar que les ayudes públiques faciliten l’accesu a la vivienda, faltaría más, pero la política asturiana va muncho más empobinada a facilita-yos a los promotores privaos colocar stock de vivienda qu’a garantizar el drechu a la mesma. Asina dende UNA entendemos qu’una verdadera política social de vivienda ye otra cosa, porque tendría de sofitase en dos pegoyos fundamentales. En primer llugar sacar los pisos vacíos al mercáu pente medies d’una dura fiscalidá sobre ellos, y en segundu llugar el cooperativismu de vivienda y la promoción pública sobre la demanda, ye dicir, la rempuesta a les necesidaes reales de vivienda de la ciudadanía al traviés de datos y non espectatives o oportunidaes de negociu, que ye onde van dir les más de les perres de les que fala Noemí Martín.

 Por too ello pidiría que’l negociu que nos propón IU camude nuna política social de vivenda basada nes necesidaes de la ciudadanía y non de les grandes promotores.


El negocio del derecho a la vivienda

julio 2, 2009

 

El sorprendente artículo de la Consejera de Bienestar Social y Vivienda, Noemí Martín, “La vivienda es un derecho, no un negocio” ( http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009062500_42_773387__Asturias-vivienda-derecho-negocio ) convierte el dinero para mantener las promociones privadas de pisos que actualmente no se venden en un modelo social de política de vivienda. Así comprar pisos libres para convertirlos en pisos de protección oficial sin salida en el mercado, es decir que se los quedará Vipasa (empresa pública para la promoción de vivienda básicamente) o subvencionarlos, es la gran apuesta de la Consejera de Vivienda.

 Noemí Martín comienza diciendo en su artículo que su política busca “que la especulación inmobiliaria deje paso a la planificación de las necesidades y la prevalencia del interés general” y yo me pregunto que si prima ese interés general por qué se mantienen los planes desarrollados anteriormente diseñados en plena época de especulación urbanística o por qué no se paralizan los proyecto de construcción de viviendas fuera de las necesidades de los ciudadanos y cuya única función es aumentar el censo de viviendas vacías.

 El segundo punto que destaca la Consejera de Vivienda es el aumento de fondos públicos para su área y el aumento del parque de viviendas disponibles con algún tipo de protección. Este aspecto que podría parecer positivo, va a tener un efecto “perverso” en el acceso a la vivienda de los asturianos, porque fundamentalmente los fondos públicos, esos 280 millones de euros, se usarán para convertir pisos libres, es decir de promociones privadas y diseñadas para venderse a precio de mercado en pleno boom inmobiliario, en viviendas con algún tipo de protección, es decir facilitar que los promotores puedan sacar su stock de viviendas aprovechándose de subvenciones públicas.

 De las “casi 11.000 viviendas protegidas nuevas” que se garantizan su construcción, la inmensa mayoría ya estaban proyectadas por los promotores privados o eran planes para desarrollar por la iniciativa privada en su gran parte como los casos que menciona de Prado de la Vega en Oviedo, Roces en Gijón, o La Magdalena en Avilés, que por arte de magia se han convertido en públicas. Dato que nuestra Consejera omite, ya que quitaría mucho “gancho” a su escrito.

 Podría decirse que en todo caso logramos pisos más baratos, pero tampoco es cierto dado que si invirtiéramos ese dinero en realizar promociones públicas o fomentar el cooperativismo de viviendas, obligaría a los promotores a bajar los precios tal y como está pasando en otras zonas del estado, de hecho incluso por debajo de los precios máximos para viviendas de protección oficial. Es decir la Administración Pública está garantizando un precio mínimo y financiando con dinero público, promociones privadas que actualmente en el mercado no tendrían salida.

 Sin embargo el aspecto más demagógico del escrito es el que se refiere a garantizar el empleo ya que la Consejera indica que “La ejecución de las inversiones previstas supondrán la creación de empleo y el impulso a la actividad económica en general” pero (1) si lo que se quiere es garantizar que las promociones no se paralicen, existen mecanismo legales para obligar a que se realicen en los plazos establecidos por los planes urbanísticos correspondientes, lo que sin duda exige voluntad y coraje político pero no dinero y (2) estamos gastando dinero en viviendas ya construidas, para pasar pisos libres a una bolsa de viviendas públicas, en vez de invertir en nuevas promociones públicas de vivienda, dejando que los promotores privados asuman su riesgo empresarial, que por cierto les ha dado increíbles beneficios que ahora nadie saben donde están. Además, las promotoras a las que se le “inyecta” dinero público no van a construir más viviendas que las que tiene proyectadas y que como indicamos se les puede obligar a terminarlas.

 No vamos a negar que las ayudas públicas facilitan el acceso a la vivienda a los ciudadanos, faltaría más, pero la política asturiana está mucho más orientada a facilitar a los promotores privados a sacar su stock de vivienda que a garantizar el derecho a la vivienda. Una política social de vivienda debería basarse en dos aspectos fundamentales (1) sacar los pisos vacíos al mercado a través de una fiscalidad muy dura sobre ellos y (2) el cooperativismo de vivienda y la promoción pública sobre demanda, es decir recogiendo las necesidades de vivienda de los ciudadanos y planificar las nuevas viviendas sobre esos datos y no sobre “expectativas” o “oportunidades” de negocio que es como se diseñaron las viviendas donde se va a ir la parte más importantes del dinero de la Consejería de Noemí Martín.

 Por eso rogaría que el negocio del derecho a la vivienda que nos propone IU, se convierta en una política social de vivienda basada en las necesidades de los ciudadanos y no de las grandes promotoras.