Generación excluida

enero 20, 2011

 

Es cierto que en todas las sociedades, exceptuando periodos de revolución, revueltas o transformaciones aceleradas, las élites suelen tener una edad que podemos entender como “madura”, ya que todavía manteniendo una mínima capacidad física e intelectual, es la época donde más recursos económicos, sociales, políticos, etc. se atesoran.

Cierto es también que tales élites suelen proteger su status quo a costa de que las generaciones más jóvenes no pongan en peligro su posición, permitiendo o facilitando el acceso a las personas jóvenes que acatan tal status quo e imposibilitando o dificultando al máximo el ascenso de aquellos que promueven cambios, sobre todos si tales cambios conlleva una mayor democratización o permeabilidad respecto al acceso al poder y toma de decisiones.

Pero nos encontramos en una situación novedosa, la élite dominante, formada mayormente por personas de más de 50 años, están garantizando su status quo a costa de los derechos de las generaciones futuras. Es decir, no se garantiza una determinada posición frente a las generaciones futuras, se ataca el futuro de las próximas generaciones para tapar una gestión pésima de los recursos públicos garantizando la posición de los que precisamente mal gastaron las posibilidades de progreso, vendiendo el humo del crecimiento constante del capitalismo globalizado.

El coste de este capitalismo globalizado es sencillo, los derechos laborales y la protección social universal. Evidentemente una democracia liberal no puede imponer estas medidas sin más, por lo tanto, apliquémoslas a las generaciones futuras, desde el mayor egoísmo generacional que se ha dado en el último siglo. Me gusta resumir esta tendencia en ser más ricos para vivir peor, lo que personalmente no sé que me aporta de beneficioso.

En el estado español este proceso universal del mundo occidental, se une a otro autóctono, la omnipresente transición democrática y la posición “universal” que criticar cualquier elemento de tal proceso, personas implicadas, funcionamientos perversos, etc. es directamente atacar la democracia y por lo tanto debe ser excluido del debate político. Evidentemente, esta situación “blinda” de facto el statu quo político (en sentido amplio, es decir instituciones, sistema de partidos, sindicatos, posición de la Iglesia, la Constitución Española, la entrada en la U.E. y un largo etc.), que dificulta aún más la representación de las generaciones más jóvenes (pongo joven a las generaciones posteriores a 1978, año de la sacro santa Constitución española, de forma aproximada). Todo ello unido a que mencionada Constitución no es reformable a la hora de la verdad, porque exige un grado de consenso que sólo es posible en un momento como en de una transición, después de 40 años de dictadura, y los que argumentan que quien esté en contra de la misma que la modifique, sólo está haciendo gala de un cinismo político en grado superlativo.

Y este egoísmo generacional se da en muchas esferas. En el ámbito político, si no has participado en la Transición no tienes derecho a participar en el debate político, si no declaras tu adhesión a la misma con una sumisión más típica de elementos religiosos que de la racionalidad humana, lo que se refleja en come bipartidismo y aplaude con la orejas.

En el ámbito laboral, el trabajador tradicional (heterosexual, machista, racista, de más de 50 años, sindicado, con trabajo fijo y una posición económica relativamente cómoda) garantiza su trabajo, salario y pensión cargándose en trabajo fijo, cierta regulación salarial (negociación colectiva, estabilidad laboral, etc.) y reduciendo el importe de las pensiones futuras y dificultando el acceso a las mismas.

En el ámbito social con una visión totalmente deformada de la gente joven, donde el mayor grado de implicación en temas sociales en los últimos 70 años, se trasforma en falta de implicación política porque no se participa en unas instituciones y organismo que sentimos que no nos representan ni lo van a permitir. Donde la mayor capacitación de nuestra historia, se transforma en que somos unos acomodados o unos conformistas, porque si no aceptamos condiciones peores de la que nuestros padres somos unos vagos y si tragamos con las reformas que están firmando unos sindicatos que viven en los pactos de la Moncloa y donde no se ve un dirigente menos de 50 años, nos dejamos pisotear porque no tenemos el espíritu de reivindicación de antaño.

El problema es sencillo, las generaciones anteriores tuvieron referentes para iniciar sus luchas y aprendiendo de tales referentes añadiendo sus nuevas visiones e ideas (lo que genera tensiones, que nada es idílico) pudieron poner en marcha unas estructuras reivindicativas que hacían llegar a las élites las demandas de las generaciones que aún no podían acceder de forma directa a la toma de decisiones. Quizás el ejemplo más claro fue Mayo del 68, que sin ser santo de mi devoción, si reflejó el proceso que describo, las luchas de distintas generaciones se unieron de forma solidaria y creó un aprendizaje de lucha, reivindicativo, organizativo, etc. y el definitiva de aprender a influir en el poder.

Las generaciones más jóvenes tenemos que olvidarnos de que las instituciones, partidos, líderes, sindicatos nacidos de la Transición nos puedan representar, e incluso más, que personas de más de 50 años nos puedan representar, porque nuestro intereses (o derechos me atrevería a decir) están siendo pisoteados sin contar con nosotros, para garantizar que las generaciones maduras, y por lo tanto las que sostienen el poder de cada momento, estén tranquilas y no encabecen las luchas que deberían encabezar si tuvieran una mínima solidaridad con nosotros (vamos que no se repita el Mayo del 68).

Somos precarios, es decir, gente sin derechos políticos plenos (no nos dejan cambiar el modelo político que nos han impuesto las generaciones anteriores), gente sin derechos laborales (reforma laboral, pensiones) y sin prestigio social (viven con sus padres, no participan en política, son egoístas, el botellón, etc.) promovido por unos medios de comunicación, como no, dirigidos por mayores de 50 años.

Es difícil, pero nosotros mismo (no cuentan los que llegan diciendo amén a lo existente garantizando su posición personal a costa de la de los demás, ya que son meros legitimadores como pasa en cualquier ámbito vital) tenemos que dar el paso de entrar en todos los ámbitos que nos sea posible a reivindicar nuestros derechos, y cuando escuches eres demasiado joven, piensa otro que me quiere robar lo que él disfrutó, y todas y todos juntos tenemos que gritar DEVOLVERNOS LO QUE ES NUESTRO Y QUITAROS LO QUE ES VUESTRO.

Anuncios

Xeneración escluyida

enero 20, 2011

 

Ye ciertu qu’en toles sociedaes, quitando periodos de revolución, revueltes o tresformamientos aceleraos, les élites suelen tener una edá que podemos entender como “madura”, yá que inda caltenienen una mínima capacidá física ya intelectual, y ye la dómina onde más recursos económicos, sociales, políticos, etc. atesórense.

Ciertu ye tamién que tales élites suelen protexer el so status quo a cuenta de que les xeneraciones más nueves nun pongan en peligru la so posición, dexando o facilitando l’accesu a les persones nueves qu’acaten tal status quo ya imposibilitando o poniendo pilancos al máximu l’ascensu d’aquellos que promueven cambeos, sobre too si tales cambeos train una mayor democratización o permeabilidá respecto al accesu al poder y toma de decisiones.

Pero atopamos nuna situación novedosa, la élite dominante, formada mayormente por persones de más de 50 años, tán garantizando’l so status quo a cuenta de los derechos de les xeneraciones futures. Esto ye, nun se garantiza una determinada posición frente a les xeneraciones futures, atácase’l futuru de les próximes xeneraciones pa tapar una xestión pésima de los recursos públicos garantizando la posición de los que precisamente mal gastaron les posibilidaes de progresu, vendiendo’l fumu del crecimientu constante del capitalismu globalizáu.

El costu d’esti capitalismu globalizáu ye senciellu, los derechos llaborales y la protección social universal. Evidentemente una democracia lliberal nun puede imponer estes midíes ensin más, poro, apliquémosles a les xeneraciones futures, dende’l mayor egoísmu xeneracional que se dio nel últimu sieglu. Gústame resumir esti procesu en ser más ricos pa vivir peor, lo que personalmente nun sé que m’apurre de procuru.

Nel estáu español esti procesu universal del mundu occidental, tenemos que xunir otru autóctonu, la omnipresente transición democrática y la posición “universal” que criticar cualquier elementu de tal procesu, persones implicaes, funcionamientos perversos, etc. ye directamente atacar la democracia y polo tanto ten de ser escluyíu del alderique políticu. Evidentemente, esta situación “blinda” de facto el statu quo políticu (en sentíu ampliu, ye dicir instituciones, sistema de partíos, sindicatos, posición de la Ilesia, la Constitución Española, la entrada na U.E. y un llargu etc.), que dificulta entá más la representación de les xeneraciones más nueves (pongo moza a les generaciones posteriores a 1978, añu de la sacru santa Constitución española, de forma averada). Tou ello xuníu a que mentada Constitución nun ye reformable a la hora de la verdá, porque esixe un grau de consensu que namá ye posible nun momentu como en d’una transición, dempués de 40 años de dictadura, y los qu’argumenten que quien tea en contra de la mesma que la modifique, namá ta faciendo gala d’un cinismu políticu en grau superlativu.

Y esti egoísmu xeneracional se da en munches esferes. Nel ámbitu políticu, si nun participasti na Transición nun tienes derechu a participar nel alderique políticu, si nun declares la to adhesión a la mesma con una sumisión más típica d’elementos relixosos que de la racionalidá humana, lo que se reflexa en come bipartidismu y aplaude con les oreyes.

Nel ámbitu llaboral, el trabayador tradicional (heterosexual, machista, racista, de más de 50 años, sindicáu, con trabayu fixu y una posición económica relativamente cómoda) garantiza’l so trabayu, salariu y pensión cargándose en trabayu fixu, cierta regulación salarial (negociación colectiva, estabilidá llaboral, etc.) y amenorgando l’importe de les pensiones futures y enzancando l’accesu a les mesmes.

Nel ámbitu social con una visión totalmente deformada de la xente nuevo, onde’l mayor grau d’implicación en temes sociales nos postreros 70 años, camuda en falta d’implicación política porque nun se participa nunes instituciones y organismu que sentimos que nun nos representen nin lo van a dexar. Onde la mayor capacitación de la nuesa hestoria, tresformase en que somos unos acomodaos o unos conformistes, porque si nun aceptamos condiciones peores de la que los nuesos pás somos un folgazanes y si tragamos coles reformes que tán roblando unos sindicatos que viven nos pactos de la Moncloa y onde nun se ve un dirixente menor de 50 años, dexamos apatayar porque nun tenemos l’espíritu de reivindicación d’antaño.

El problema ye senciellu, les xeneraciones anteriores tuvieron referentes pa empecipiar les sos lluches y aprendiendo de tales referentes añediendo les sos nueves visiones ya idees (lo que xenera tensiones, que nada ye idílicu) pudieron poner en marcha unes estructures reivindicatives que faíen llegar a les élites les demandes de les xeneraciones qu’entá nun podíen aportar de forma directa a tomar decisiones. Quiciabes l’exemplu más claru foi Mayu del 68, qu’ensin ser santu de la mio devoción, si reflexó’l procesu que describo, les lluches de distintes xeneraciones xuniéronse de forma solidaria y creó un aprendizaxe de llucha, reivindicativu, organizativo, etc. y el definitiva d’aprender a influyir nel poder.

Les xeneraciones más nueves tenemos qu’escaecenos de que les instituciones, partíos, líderes, sindicatos nacíos de la Transición puedan representanos, ya inclusive más, que persones de más de 50 años puedan representanos, porque los nuesos intereses (o derechos atreveríame a dicir) tán siendo apatayaos ensin cuntar con nós, pa garantizar que les xeneraciones madures, y polo tanto les que sostienen el poder de cada momentu, tean tranquiles y nun encabecen les lluches que tendríen d’encabezar si tuvieren una mínima solidaridá con nós (vamos que nun se repita’l Mayu del 68).

Somos precarios, esto ye, xente sin derechos políticos plenos (nun nos dexen camudar el modelu políticu que nos impunxeron les xeneraciones anteriores), xente sin derechos llaborales (reforma llaboral, pensiones) y ensin prestíu social (viven con sus padres, nun participen en política, son egoístes, el botellón, etc.) promovido per unos medios de comunicación, como non, dirixíos por mayores de 50 años.

Ye difícil, pero nós mesmos (nun cuenten los que lleguen diciendo amén a lo esistente garantizando la so posición personal a cuenta de la de los demás, yá que son meros llexitimadores como pasa en cualquier ámbitu vital) tenemos que dar el pasu d’entrar en tolos ámbitos que nos sía posible a reivindicar los nuesos derechos, y cuando escuches yes demasiáu nuevu, piensa otru que quier robame lo que él esfrutó ,y toes y toos xuntos tenemos que glayar DEVOLVENOS LO QUE YE NUESU Y QUITAR LO QUE YE VUESU.


¿Un sistema políticu asturianu?

enero 5, 2011

 

La salida de Cascos del PP y el so recuperáu arguyu por ser asturianu, abrió un exe de discursu nuevu na política asturiana, que se centraría na marxinalidad de Asturies nel actual panorama políticu estatal. Ye ciertu que Asturies perdió pesu políticu al mesmu ritmu que perdió pesu económicu, lo que xuníu a la mayor tasa d’emigración xuvenil de too l’Estáu y la perda de población, colocanos nos postreros puestos de toos el indicadores económicos, sacante en paru, básicamente porque somos esportadores netos de paru (la mentada emigración xuvenil).

Ensin metese nos verdaderos motivos de Cascos, que pal fin d’estes llínees ye indiferente, lo que sí ye ciertu ye que l’elementu central del alderique políticu ye Asturies, lo qu’ensin dulda ye una novedá sorprendente y altamente gratificante pa un nacionalista, d’esquierdes nesti casu, como’l qu’escribe.

Esti cambéu nel discursu, puramente coyuntural, puede tresformase en daqué estructural y xenerar un verdaderu sistema políticu asturianu. Pa ello tendría de dase otra condición, esistir opciones polítiques asturianistes/nacionalistes que puedan ser una opción de votu “realista” pa un porcentaxe significativu de les asturianes y asturianos.

La esquierda nacionalista lleva tiempu plantegándose un procesu de reunificación pa xenerar tal opción electoral. Les dificultaes derivaes de plantegar una estratexa conxunta dende organizaciones que tuvieron distintes evoluciones plantega les sos dificultaes, porque a pesar de ser organizaciones de calter testimonial a nivel electoral, la so presencia política n’actos, apaición en prensa, etc. amuesa qu’esiste tantu un trabayu importante como una estructura que funciona, y el cambéu neses dinámiques siempres ye difícil.

El principal hándicap d’esti procesu ye l’ausencia histórica nes instituciones, a pesar de qu’anguaño Roberto Colunga ye diputáu autonómicu pol Bloque por Asturies y la presencia de distintos conceyales que se mueven nesti ámbitu políticu, y la falta d’un candidatu conocíu, lastren les posibilidaes electorales del nacionalismu d’esquierda pola incidencia decisiva de los medios de comunicación, onde la presencia ye bien residual nos asturianos y nula nos estatales.

La derecha asturianista/rexonalista representada pol PAS y URAS (anguaño coalicionados n’Unión Asturianista), que se autodenominan asina respectivamente, vivió’l “tsunami” de Cascos que cola so recuperada asturianía y la más que probable presencia electoral d’una opción encabezada por él mesmu, usurparía en bona midida los votos d’estes opciones polítiques.

Esta situación plantega la posibilidá d’una opción asturianista/rexonalista qu’unifique toes estes families entorno a la figura de Cascos. El problema equí ye’l contrariu al de la esquierda nacionalista, l’ausencia tantu d’un trabayu políticu como d’una presencia en medios de comunicación (quitando al Presidente del PAS, Xuan Xosé Sánchez Vicente que pola so talla intelectual y política caltien una presencia constante nos medios asturianos, anque d’una forma bien personal ensin que se vea trabayu organizativo).

Ensin dulda los recursos económicos d’esta opción van ser importantes, pero a pesar de les “deserciones” del PP pa dise con Cascos, a cinco meses de les elecciones ta claro que la falta d’organización constitúi un hándicap importante.

Quiciabes l’elementu básicu que determine la xeneración d’un sistema electoral asturianu al llargu plazu ye que trunfe un discursu que vamos llamar de forma xenérica asturianista, qu’entienda a Asturies como suxetu políticu con una realidá política, social y económica estremada de la estatal, o por contra trunfe en discursu “covadonguista”, onde Asturies como má abnegada de la verdadera España, tien qu’asumir en primer persona los sacrificios por que la so fía vuelva al bon camín y pierda los vicios que la lleven a la so propia perdición.

El trunfu d’una nueva reconquista, onde la verdadera derecha reorganizase pa llevar la pureza al restu d’España, convertiría al “efectu Cascos” nuna mera etapa de la vieya guardia del PP contra la cúpula del partíu, colo qu’una vegada trunfe o fracase tal operación, “l’asturianía” de dalgunos convertiráse no que siempres foi, españolismu puru y duru.


¿Un sistema político asturiano?

enero 5, 2011

 

La salida de Cascos del PP y su recuperado orgullo por ser asturiano, ha abierto un eje de discurso nuevo en la política asturiana, que se centraría en la marginalidad de Asturies en el actual panorama político estatal. Es cierto que Asturies ha perdido peso político al mismo ritmo que ha perdido peso económico, lo que unido a la mayor tasa de emigración juvenil de todo el Estado y la pérdida de población, la ha colocado en los últimos puestos de todos los indicadores económicos, excepto en paro, básicamente porque somos exportadores netos de paro (la mencionada emigración juvenil).

Sin meterse en los verdaderos motivos de Cascos, que para el fin de estas líneas es indiferente, lo que sí es cierto es que el elemento central del debate político es Asturies, lo que sin duda es una novedad sorprendente y altamente gratificante para un nacionalista, de izquierdas en este caso, como el que escribe.

Este cambio en el discurso, meramente coyuntural, puede transformarse en algo estructural y generar un verdadero sistema político asturiano. Para ello debería darse otra condición, existir opciones políticas asturianistas/nacionalistas que puedan ser una opción de voto “realista” para un porcentaje significativo de las asturianas y asturianos.

La izquierda nacionalista lleva tiempo planteándose un proceso de reunificación para generar tal opción electoral. Las dificultades derivadas de plantear una estrategia conjunta desde organizaciones que han tenido distintas evoluciones plantea sus dificultades, porque a pesar de ser organizaciones de carácter testimonial a nivel electoral, su presencia política en actos, aparición en prensa, etc. muestra que existe tanto un trabajo importante como una estructura que funciona, y el cambio en esas dinámicas siempre es difícil.

El principal hándicap de este proceso es la ausencia histórica en las instituciones, a pesar de que actualmente Roberto Colunga es diputado autonómico por el Bloque por Asturies y la presencia de distintos concejales que se mueven en este ámbito político, y la falta de un candidato conocido, lastran las posibilidades electorales del nacionalismo de izquierda por la incidencia decisiva de los medios de comunicación, donde la presencia es muy residual en los asturianos y nula en los estatales.

La derecha asturianista/regionalista representada por el PAS y URAS (actualmente coalicionados en Unión Asturianista), que se autodenominan así respectivamente, ha vivido el “tsunami” de Cascos que con su recuperada asturianía y la más que probable presencia electoral de una opción encabezada por él mismo, usurparía en buena medida los votos de estas opciones políticas.

Esta situación plantea la posibilidad de una opción asturianista/regionalista que unifique todas estas familias entorno a la figura de Cascos. El problema aquí es el contrario al de la izquierda nacionalista, la ausencia tanto de un trabajo político como de una presencia en medios de comunicación (exceptuando al Presidente del PAS, Xuan Xosé Sánchez Vicente que por su talla intelectual y política mantiene un presencia constante en los medios asturianos, aunque de una forma muy personal sin que se vea trabajo organizativo).

Sin duda los recursos económicos de esta opción serán importantes, pero a pesar de las “deserciones” del PP para irse con Cascos, a cinco meses de las elecciones está claro que la falta de organización constituye un hándicap importante.

Quizás el elemento básico que determine la generación de un sistema electoral asturiano a largo plazo es que triunfe un discurso que llamaremos de forma genérica asturianista, que entienda a Asturies como sujeto político con una realidad política, social y económica diferenciada de la estatal, o por el contrario triunfe en discurso “covadonguista”, donde Asturies como madre abnegada de la verdadera España, tiene que asumir en primera persona los sacrificios para que su hija vuelva al buen camino y pierda los vicios que la llevan a su propia perdición.

El triunfo de una nueva reconquista, donde la verdadera derecha se reorganizaría para llevar la pureza al resto de España, convertiría al “efecto Cascos” en una mera etapa de la vieja guardia del PP contra la cúpula del partido, con lo que una vez triunfe o fracase tal operación, la “asturianía” de algunos se convertirá en lo que siempre fue, españolismo puro y duro.