¿Un sistema político asturiano?

 

La salida de Cascos del PP y su recuperado orgullo por ser asturiano, ha abierto un eje de discurso nuevo en la política asturiana, que se centraría en la marginalidad de Asturies en el actual panorama político estatal. Es cierto que Asturies ha perdido peso político al mismo ritmo que ha perdido peso económico, lo que unido a la mayor tasa de emigración juvenil de todo el Estado y la pérdida de población, la ha colocado en los últimos puestos de todos los indicadores económicos, excepto en paro, básicamente porque somos exportadores netos de paro (la mencionada emigración juvenil).

Sin meterse en los verdaderos motivos de Cascos, que para el fin de estas líneas es indiferente, lo que sí es cierto es que el elemento central del debate político es Asturies, lo que sin duda es una novedad sorprendente y altamente gratificante para un nacionalista, de izquierdas en este caso, como el que escribe.

Este cambio en el discurso, meramente coyuntural, puede transformarse en algo estructural y generar un verdadero sistema político asturiano. Para ello debería darse otra condición, existir opciones políticas asturianistas/nacionalistas que puedan ser una opción de voto “realista” para un porcentaje significativo de las asturianas y asturianos.

La izquierda nacionalista lleva tiempo planteándose un proceso de reunificación para generar tal opción electoral. Las dificultades derivadas de plantear una estrategia conjunta desde organizaciones que han tenido distintas evoluciones plantea sus dificultades, porque a pesar de ser organizaciones de carácter testimonial a nivel electoral, su presencia política en actos, aparición en prensa, etc. muestra que existe tanto un trabajo importante como una estructura que funciona, y el cambio en esas dinámicas siempre es difícil.

El principal hándicap de este proceso es la ausencia histórica en las instituciones, a pesar de que actualmente Roberto Colunga es diputado autonómico por el Bloque por Asturies y la presencia de distintos concejales que se mueven en este ámbito político, y la falta de un candidato conocido, lastran las posibilidades electorales del nacionalismo de izquierda por la incidencia decisiva de los medios de comunicación, donde la presencia es muy residual en los asturianos y nula en los estatales.

La derecha asturianista/regionalista representada por el PAS y URAS (actualmente coalicionados en Unión Asturianista), que se autodenominan así respectivamente, ha vivido el “tsunami” de Cascos que con su recuperada asturianía y la más que probable presencia electoral de una opción encabezada por él mismo, usurparía en buena medida los votos de estas opciones políticas.

Esta situación plantea la posibilidad de una opción asturianista/regionalista que unifique todas estas familias entorno a la figura de Cascos. El problema aquí es el contrario al de la izquierda nacionalista, la ausencia tanto de un trabajo político como de una presencia en medios de comunicación (exceptuando al Presidente del PAS, Xuan Xosé Sánchez Vicente que por su talla intelectual y política mantiene un presencia constante en los medios asturianos, aunque de una forma muy personal sin que se vea trabajo organizativo).

Sin duda los recursos económicos de esta opción serán importantes, pero a pesar de las “deserciones” del PP para irse con Cascos, a cinco meses de las elecciones está claro que la falta de organización constituye un hándicap importante.

Quizás el elemento básico que determine la generación de un sistema electoral asturiano a largo plazo es que triunfe un discurso que llamaremos de forma genérica asturianista, que entienda a Asturies como sujeto político con una realidad política, social y económica diferenciada de la estatal, o por el contrario triunfe en discurso “covadonguista”, donde Asturies como madre abnegada de la verdadera España, tiene que asumir en primera persona los sacrificios para que su hija vuelva al buen camino y pierda los vicios que la llevan a su propia perdición.

El triunfo de una nueva reconquista, donde la verdadera derecha se reorganizaría para llevar la pureza al resto de España, convertiría al “efecto Cascos” en una mera etapa de la vieja guardia del PP contra la cúpula del partido, con lo que una vez triunfe o fracase tal operación, la “asturianía” de algunos se convertirá en lo que siempre fue, españolismo puro y duro.

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