Generación excluida

 

Es cierto que en todas las sociedades, exceptuando periodos de revolución, revueltas o transformaciones aceleradas, las élites suelen tener una edad que podemos entender como “madura”, ya que todavía manteniendo una mínima capacidad física e intelectual, es la época donde más recursos económicos, sociales, políticos, etc. se atesoran.

Cierto es también que tales élites suelen proteger su status quo a costa de que las generaciones más jóvenes no pongan en peligro su posición, permitiendo o facilitando el acceso a las personas jóvenes que acatan tal status quo e imposibilitando o dificultando al máximo el ascenso de aquellos que promueven cambios, sobre todos si tales cambios conlleva una mayor democratización o permeabilidad respecto al acceso al poder y toma de decisiones.

Pero nos encontramos en una situación novedosa, la élite dominante, formada mayormente por personas de más de 50 años, están garantizando su status quo a costa de los derechos de las generaciones futuras. Es decir, no se garantiza una determinada posición frente a las generaciones futuras, se ataca el futuro de las próximas generaciones para tapar una gestión pésima de los recursos públicos garantizando la posición de los que precisamente mal gastaron las posibilidades de progreso, vendiendo el humo del crecimiento constante del capitalismo globalizado.

El coste de este capitalismo globalizado es sencillo, los derechos laborales y la protección social universal. Evidentemente una democracia liberal no puede imponer estas medidas sin más, por lo tanto, apliquémoslas a las generaciones futuras, desde el mayor egoísmo generacional que se ha dado en el último siglo. Me gusta resumir esta tendencia en ser más ricos para vivir peor, lo que personalmente no sé que me aporta de beneficioso.

En el estado español este proceso universal del mundo occidental, se une a otro autóctono, la omnipresente transición democrática y la posición “universal” que criticar cualquier elemento de tal proceso, personas implicadas, funcionamientos perversos, etc. es directamente atacar la democracia y por lo tanto debe ser excluido del debate político. Evidentemente, esta situación “blinda” de facto el statu quo político (en sentido amplio, es decir instituciones, sistema de partidos, sindicatos, posición de la Iglesia, la Constitución Española, la entrada en la U.E. y un largo etc.), que dificulta aún más la representación de las generaciones más jóvenes (pongo joven a las generaciones posteriores a 1978, año de la sacro santa Constitución española, de forma aproximada). Todo ello unido a que mencionada Constitución no es reformable a la hora de la verdad, porque exige un grado de consenso que sólo es posible en un momento como en de una transición, después de 40 años de dictadura, y los que argumentan que quien esté en contra de la misma que la modifique, sólo está haciendo gala de un cinismo político en grado superlativo.

Y este egoísmo generacional se da en muchas esferas. En el ámbito político, si no has participado en la Transición no tienes derecho a participar en el debate político, si no declaras tu adhesión a la misma con una sumisión más típica de elementos religiosos que de la racionalidad humana, lo que se refleja en come bipartidismo y aplaude con la orejas.

En el ámbito laboral, el trabajador tradicional (heterosexual, machista, racista, de más de 50 años, sindicado, con trabajo fijo y una posición económica relativamente cómoda) garantiza su trabajo, salario y pensión cargándose en trabajo fijo, cierta regulación salarial (negociación colectiva, estabilidad laboral, etc.) y reduciendo el importe de las pensiones futuras y dificultando el acceso a las mismas.

En el ámbito social con una visión totalmente deformada de la gente joven, donde el mayor grado de implicación en temas sociales en los últimos 70 años, se trasforma en falta de implicación política porque no se participa en unas instituciones y organismo que sentimos que no nos representan ni lo van a permitir. Donde la mayor capacitación de nuestra historia, se transforma en que somos unos acomodados o unos conformistas, porque si no aceptamos condiciones peores de la que nuestros padres somos unos vagos y si tragamos con las reformas que están firmando unos sindicatos que viven en los pactos de la Moncloa y donde no se ve un dirigente menos de 50 años, nos dejamos pisotear porque no tenemos el espíritu de reivindicación de antaño.

El problema es sencillo, las generaciones anteriores tuvieron referentes para iniciar sus luchas y aprendiendo de tales referentes añadiendo sus nuevas visiones e ideas (lo que genera tensiones, que nada es idílico) pudieron poner en marcha unas estructuras reivindicativas que hacían llegar a las élites las demandas de las generaciones que aún no podían acceder de forma directa a la toma de decisiones. Quizás el ejemplo más claro fue Mayo del 68, que sin ser santo de mi devoción, si reflejó el proceso que describo, las luchas de distintas generaciones se unieron de forma solidaria y creó un aprendizaje de lucha, reivindicativo, organizativo, etc. y el definitiva de aprender a influir en el poder.

Las generaciones más jóvenes tenemos que olvidarnos de que las instituciones, partidos, líderes, sindicatos nacidos de la Transición nos puedan representar, e incluso más, que personas de más de 50 años nos puedan representar, porque nuestro intereses (o derechos me atrevería a decir) están siendo pisoteados sin contar con nosotros, para garantizar que las generaciones maduras, y por lo tanto las que sostienen el poder de cada momento, estén tranquilas y no encabecen las luchas que deberían encabezar si tuvieran una mínima solidaridad con nosotros (vamos que no se repita el Mayo del 68).

Somos precarios, es decir, gente sin derechos políticos plenos (no nos dejan cambiar el modelo político que nos han impuesto las generaciones anteriores), gente sin derechos laborales (reforma laboral, pensiones) y sin prestigio social (viven con sus padres, no participan en política, son egoístas, el botellón, etc.) promovido por unos medios de comunicación, como no, dirigidos por mayores de 50 años.

Es difícil, pero nosotros mismo (no cuentan los que llegan diciendo amén a lo existente garantizando su posición personal a costa de la de los demás, ya que son meros legitimadores como pasa en cualquier ámbito vital) tenemos que dar el paso de entrar en todos los ámbitos que nos sea posible a reivindicar nuestros derechos, y cuando escuches eres demasiado joven, piensa otro que me quiere robar lo que él disfrutó, y todas y todos juntos tenemos que gritar DEVOLVERNOS LO QUE ES NUESTRO Y QUITAROS LO QUE ES VUESTRO.

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