El discurso del candidato a la Presidencia de Asturies, Francisco Álvarez Cascos

Pocos discursos han levantado tanta expectación como el discurso de Cascos como candidato a la Presidencia de Asturies, dado que para bien o para mal, estamos hablando del cambio político más importante en nuestro país desde la llegada de la democracia. Pero la expectación se fue convirtiendo en decepción a la misma velocidad que el candidato a la Presidencia fue desenvolviendo su programa de gobierno, que respetando su programa electoral escoró mucho más a posturas conservadoras, se vio un perfil asturianista muy bajo o  nulo y con un nefasto programa en materia de medioambiente. Finalmente, se echó de menos un discurso jovellanista del que tanto presumió Cascos en campaña.

Tampoco todo puede ser crítica, ya que no sería justo, y entre los aspectos positivos caben destacar una apuesta por la trasparencia del sector público, más que necesaria ante la actual situación de caciquismo institucional apadrinada por el PSOE e IU, la eliminación de paraadministración pública ya que estamos hablando de entidades que realizaban grandes gastos con un gran oscurantismo tanto en sus funciones como en su gestión interna, un carácter reivindicativo frente a los gobiernos centrales de turno que tantos asturianos echamos de menos estos últimos treinta años de democracia y finalmente, una sensación de cambio en una clase política acomodada en el status quo, que vio como ese status quo ha saltado por los aires y aún no entiende el motivo.

Pero sacando estos grandes rasgos, pocos más aspectos positivos se pueden obtener de mencionado discurso, planteándose muchas más sombras que luces sobre las prioridades del futuro gobierno asturiano, y entre esas sombras me gustaría destacar las siguientes:

 1. Un ataque a la sanidad y educación pública: una vez más y de forma insistente, las opciones conservadoras esconde bajo la libertad de elección de centro el desvío de fondos públicos del sector público al privado. Económicamente es insostenible mantener los centro públicos y concertados en educación, excepto en las grandes ciudades, lo que supone reducir la inversión en el sector público frente a un sector privado que por su carácter religioso y de sus docentes y auxiliares, exige mucho menos gasto de personal, trasmitiendo la falsa sensación de una mejor gestión, a lo que se une las innumerables irregularidades en materia de selección de alumnado, recibiendo la educación pública un número mucho mayor de alumnado con necesidades especiales, lo que lógicamente hace más costoso la actividad docente. En sanidad por otra parte, la lucha contra las listas de espera sólo llevará a desviar fondos a la sanidad concertada bajando los recursos de la pública, con lo que se aumentarán nuevamente las listas de espera y así sucesivamente hasta acabar con la sanidad pública.

2. Políticas fiscales regresivas: la eliminación del impuesto de sucesiones es sin duda una de las mayores muestras del conservadurismo de Álvarez Cascos, ya que estamos hablando de un impuesto que grava fundamentalmente a patrimonios medios y altos. Debemos tener en cuenta que si un descendiente hereda una casa que fue la vivienda habitual del fallecido/a y un dinero, el caso más común, la principal fuente de tributación es la vivienda, la cual está exenta al 95%, con lo que el impuesto es muy asumible. Por otra parte, es un impuesto muy gravoso para herencias importantes, con lo que la formulación del impuesto en Asturies era muy progresiva y solidaria. Por otra parte se rechaza la fiscalidad verde, aún en pañales en nuestro país, con la eliminación del céntimo sanitario lo que es un error doblemente grave, reduce los ingresos públicos en una situación de falta de financiación y un sector privado en retroceso y no afronta la necesidad de cambio en el modelo de transporte y energético, dado el bajo uso del coche compartido y del uso de transporte público, una de las vías para fomentar ese cambio era gravar precisamente el uso del vehículo particular. También resulta extraño con el compromiso con el coche eléctrico que dice defender, porque tal defensa seria lógica que se acompañara de medidas que gravasen el coche tradicional, lo que significa o un giño cosmético de política verde o una incoherencia más en su programa de gobierno.

3. Asturianismo: ni está ni se lo espera, simplemente anecdótico, simplemente decorativo, simplemente inexistente. Como muchos denunciamos y esperábamos, el asturianismo de Cascos era coyuntural y oportunista, y ahora desde el gobierno, lo que evidentemente ya permite una diferenciación clarísima sobre el resto de opciones, su asturianismo jovellanista vuelve al sitio donde Cascos nunca quiso que saliera, los libros de historia, aunque lo necesitara temporalmente desde un punto de vista del marketing político para diferenciarse del PP. Eso sí, tiene bien aprendida la lección del PSOE e IU, y mantendrá las ayudas necesarias para que el sector que escribe y vive del asturiano, continúen haciéndolo sin necesidad que el asturiano sea una lengua normalizada y exija competir tener calidad (no digo que no haya calidad, digo que no es necesaria para vivir del asturiano), y dependa de unas ayudas que siempre “atenuarán” los “excesos asturianistas”, aunque lamento informar que tales “excesos asturianistas” cada día serán mayores, aunque ninguno de los grupos parlamentarios actuales hayan echado de menos una defensa de nuestra lengua y cultura en el discurso del candidato.

4. Infraestructuras: en buena lógica Cascos reivindica su antiguo programa como Ministro de Fomento para Asturies, pero es un programa fracasado porque apuesta por un camino que cada día más economistas denuncian como absurdo, infraestructuras que se hacen y luego se piensan para qué las queremos. Lógicamente, es necesario acabar la autovía del Cantábrico, ya que a estas alturas no hay marcha atrás y los retrasos son intolerables, pero el AVE y el metrotren de Xixón, muestran un erre que erre por unas políticas desarrollistas que sólo desarrollan los beneficios de las grandes constructoras y generan déficit en las arcas públicas, porque no generan el dinamismo económico que insistentemente se reivindica para estas inversiones (sólo ver el caso del AVE en Castilla-La Mancha, que ya se ve como una ruina y una verdadera hipoteca).

5. Medioambiente: ya lo mencionamos en el céntimo sanitario y la ausencia de tributación verde, pero la apuesta por la caza y la pesca muestra bien a las claras que no conoce el sector y su nula preocupación por la protección de la biodiversidad. Casualmente las críticas del sector pesquero a las políticas restrictivas, se convirtieron en una campañas excelentes de capturas de trucha y salmón, más cortas eso sí, y demostró que la permisividad con la pesca la condenaba a su desaparición, desde un punto de vista meramente economicista, ya que debería apostarte por una política conservacionistas para evitar riegos en la sostenibilidad de las especies de los ríos. La caza en Asturies, debería estar fuertemente restringida, ante los problemas para mantener especies autóctonas (lobo, oso, urogallo) y parece inasumible criticar por ejemplo que los lobos atacan explotaciones ganaderas (muchas de ellas probablemente acusaciones falsas) y permitir la caza por otro, recurso que debería garantizar la subsistencia de los lobos. Finalmente se obvia la protección de los derechos de los animales, otra de las lagunas de Cascos respecto al pensamiento de Jovellanos, activista ya en el S XVIII contra las corridas de toros y el trato cruel a los animales, que consideraba incompatible con un mínimo humanismo y totalmente extrañas para tierras como las asturianas.

Por todo ello, podemos decir que el discurso de Cascos no es ni más ni menos que el discurso del PP, donde una vez superada las elecciones tanto el “ni somos de izquierdas ni derechas” (exactamente igual que UPyD), como su asturianismo jovellanista, han caído del ideario del candidato a la Presidencia de Asturies, decepcionante, muy decepcionante.

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