El impuesto de patrimonio

Estamos estos días a vueltas con el impuesto de patrimonio y aguantando, una vez más, las incoherencias de un PSOE que pide su restitución cuando fue quien lo eliminó y un PP que no quiere recuperarlo pero que lo mantuvo en sus 8 años de gobierno. Aunque soy de la opinión de que la reforma fiscal debe venir de una subida de tipos del IRPF (declaración de la renta), para aumentar la tributación de las rentas del trabajo más altas y sobre todo aumentar la presión fiscal sobre las rentas del capital, hay que aclarar una serie de ideas que se están repitiendo y son totalmente erróneas, o más bien directamente falsas. Nos centraremos en las mentiras del PSOE y PP por separado.

El PSOE anda nadando y guardando la ropa, diciendo que soy de izquierdas pero sin molestar al FMI, UE y a los mercados. Para ello se han inventado que la reposición del impuesto no puede afectar a la clase media, con lo cual hay que dejar un mínimo sin tributar muy alto en este impuesto (se está hablando de 1 a 3 millones de euros de patrimonio para empezar a tributar). Cualquiera que haya trabajado con el impuesto de patrimonio sabe que las rentas medias pagaban menos de 100,00 € con el antigua regulación, lo que nunca supuso ningún problema para la gente que lo abonaba. Pero lo más ridículo es que si el PSOE elevara la tributación de las rentas del capital un punto en el IRPF, que seguirían tributando mucho menos que las rentas del trabajo, ya recaudaría más que con la reposición del impuesto de patrimonio que quieren realizar, entonces uno se pregunta ¿para qué lo reponen?, evidentemente para apuntarse un tanto desde la izquierda, aunque como vemos rascando un poco la medida, poco de izquierda tiene.

El PP dice que este impuesto es injusto porque grava dos veces lo mismo y con ello penaliza el ahorro. El carácter de injusto es falsa, porque la mayoría de las grandes rentas provienen de rentas del capital, que como ya señalamos tributan mucho menos que las del trabajo, por lo cual estamos haciendo que la gente que más se beneficia de esa tributación, compense muy parcialmente a la Hacienda Pública por ese trato favorecedor. Y por otra parte muchos patrimonios que se gravarán responden a herencias o riquezas sobrevenidas (loterías, recalificaciones, venta de bienes inmuebles en pleno boom inmobiliario, etc.) que poco o nada tienen que ver con el ahorro. Además aunque provinieran realmente del ahorro de rentas del trabajo, las circunstancias actuales donde muchos recursos públicos se están invirtiendo en garantizar la viabilidad de entidades financieras, que en caso de quebrar supondría un duro golpe para los patrimonios que soportarían este impuesto, supondría estar hablando de devolver una mínima parte de lo que se están beneficiando de los recursos públicos invertidos en el sector financiero.

Realmente le impuesto de patrimonio nunca aportó una progresividad excesiva a nuestro marco impositivo por lo limitado de su capacidad recaudatoria, y la reforma fiscal pendiente debe orientarse, señalo una vez más, a aumentar la presión fiscal sobre el IRPF, presión fiscal que se ha reducido progresivamente los últimos años a base de favorecer a la gente con más ingresos (reduciendo el tipo máximo y los tramos de tributación) así como a las rentas del capital que sólo tributan al 19%. Del fraude fiscal ya hablaremos otro día.

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