La Constitución según Gregorio Peces-Barba

Las polémicas palabras de Gregorio Peces-Barba (ver noticia en La Vanguardia), no refleja otra cosa que romper, otra vez más, el mito de la Constitución y la Transición como modelo de integración democrática de todas las vertientes ideológicas que puedan darse en el estado español, sino como la consolidación de una determinada visión de mencionado estado, que deja fuera de la misma a los ciudadanos que lo integramos y nos niega la posibilidad de modificarlo.

Hace mucho tiempo que no hago caso a las declaraciones de Peces-Barba, que personalmente creo que sólo busca relevancia agarrándose a un “pasado” glorioso como padre de la Constitución y polemizando para ocultar una mediocridad intelectual que lo habilita tanto para tertuliano de cualquier programa rosa de Tele 5 o tertulia política de Intereconomia. Lo grave no es la decrepitud de este tipo de personajes, sino los palmeros que, escondiéndose detrás de estos cadáveres intelectuales, apoyan o justifican unas palabras que nunca se atreverían a decir, por las connotaciones tan ridículas que de ellas se desprenden.

Quitando todas la bromas del “honorable” padre constitucional, que seguramente están fuera de lugar y dichas en un contexto más que desafortunado, el problema radica que sus palabras explican con que idea se redactó la Constitución, asegurar la unidad de España, y si ello no pasara, supondría un fracaso de la Carta Magna (leer noticia referenciada al inicio). Y uno, que sin ser padre de absolutamente nada, creía que la Constitución era el garante de Derechos y Libertades (con mayúsculas) y que entre otras cosas, esas garantías recogían la capacidad de cambiar cualquier cosa democráticamente por parte de la ciudadanía como expresión práctica del pluralismo político, por cierto uno de los valores fundamentales de nuestra Constitución según se recoge en la misma.

Así, no habrá que volver a bombardear Barcelona para impedir la independencia catalana, que más allá del buen gusto o no de la expresión plantea una cuestión, qué problema hay con la independencia de Catalunya o de quién sea, es una opción política tan legítima como fijar definitivamente y hacer inmovibles las autonomías existentes, idea que al señor Peces-Barba parece agradarle mucho más, la cual exigiría una reforma constitucional de calado (El Comercio).

Cuando un padre de La Constitución, considera que su obra está fundamentada en una determinada visión del estado, simplemente está reconociendo que esa Constitución no es legítima, porque no está orientada a garantizar los derechos y opciones políticas de todos los ciudadanos, si no solamente a los que comparten la idea fundamental en la que se basó, la unidad de España, idea ni más ni menos legítima que la de los que desean la independencia, que como Peces-Barba se empeña en recordar una y otra vez, no se les considera ciudadanos, sino súbditos … VIVA ESPAÑA, VIVA EL REY.

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