Reforma electoral: cuidado con lo que pedimos

El 18 de diciembre se convocan movilizaciones a favor de un sistema electoral proporcional. El problema no es solicitar una cosa u otra, sino no estar pidiendo realmente lo que se quiere, me explico, un sistema electoral proporcional no garantiza una buena representación, si no que prima ciertas zonas del estado frente a otras, básicamente las más pobladas contra las que menos lo están. El propio lema de la convocatoria, 1persona1voto, muestra un error conceptual, la representatividad no es una cuestión proporcional o matemática, sino garantía de que cualquier persona puede participar en el proceso deliberativo respecto a la medidas y leyes que se dictan, y eso exige no centrarse en la proporcionalidad voto-diputado.

Un elemento básico de ese error de conceptualización es la manida frase del “sistema favorece a los nacionalistas”, cuando la alternativa propuesta favorece aún más a los nacionalistas (irónico que lo diga un nacionalista como yo, pero las cosas son como son). Un sistema proporcional afectaría marginalmente a los partidos nacionalistas periféricos más votados, de hecho en estas elecciones respecto al resultado obtenido frente a un sistema proporcional puro CiU perdería uno menos, ERC ganaría uno, BNG ganaría uno, PNV se quedaría igual, Amaiur perdería dos y Compromís ganaría uno. Pero la cuestión es que a PP y PSOE le costaría más cara la mayoría absoluta, así serían más necesarios para formar mayorías y seguirían siendo socios prioritarios para los gobiernos, porque las terceras fuerzas estatales (pongamos IU y UPyD) aunque también serían validos para tales pactos, no suelen tener la fuerza y por lo tanto la capacidad de formar gobiernos en ninguna Comunidad Autónoma, cosa que los partidos nacionalistas si pueden. También está el problema que las terceras fuerzas estatales compiten mucho más por el voto de las dos primeras fuerzas estatales que las fuerzas nacionalistas, con competencias meramente locales, lo que les aporta una capacidad coalicional con la fuerza ganadora de unas generales mucho mayor.

Y cuál es la base de ese error, pensar que el sistema electoral favorece a partidos (que los favorece de forma indirecta) cuando favorece a territorios, a los menos poblados para ser exactos. Es importante entender que para garantizar una transición controlada, la derecha exigió un sistema electoral muy conservador que primara la zona rural frente a la urbana, que se suponía más progresista y dinámica, así se busco una sobrerepresentación de las zonas menos pobladas (básicamente las dos castillas) que eran las más rurales.

Las cosas se entienden mejor con ejemplos, así Asturies con un 2,58 % de la población votante elige a un 2,29 % de los diputados y Soria con un 0,21 % de la población votante elige 0,57 % de los diputados. Tampoco parece una barbaridad, pero si unimos que Asturies elige 8 diputados y Soria sólo 2 y la fórmula D’Hont (fórmula que cuando se reparten muchos diputados como en Madrid o Barcelona tienen efectos proporcionales, que quede claro) tenemos que IU necesitó 83.312 votos para lograr un diputado en Asturies (último partido con representación) y el PSOE 16.058 votos para lograr un diputado en Soria (último partido con representación) con el agravante que el PP, partido ganador en Soria, con 28.058 votos logró un diputado.

Por lo tanto, un catalán o un vasco, que vota en provincias mucho más pobladas que Soria, su voto vale menos que el de provincias poco pobladas, como le pasa a Asturies. Irónicamente, cuando vemos el sistema en global, no es como nos lo quieren vender los grandes medios de comunicación.

Pero eso no es óbice para querer un sistema proporcional, así podría darse que todos los sorianos votando lo mismo, cosa totalmente imposible, obtendrían entre 1 y 0 diputados. Siempre saldrá quién diga, pero no, porque pueden votar a un partido que nos represente a todos y ya está, ya pero es que no me apetece, mira tú por dónde, y además eso que nos representa a todos lo dirás tú, porque a mí los partidos estatales (evidentemente soy nacionalista periférico) no me representan.

Ya tenemos un sistema electoral que puede prescindir de lo que piensen los sorianos, al no tener capacidad marginal de decidir diputados (es decir sus votos no decidirán diputados de una forma que incentive a ningún partido a atender sus necesidades). Claro si votaran a PP, PSOE, PP y UPyD si estarían representados, aunque muy marginalmente. Empezamos a entendernos, lo importante es votar a un partido que se presente a nivel estatal, no la representación de los ciudadanos.

Todavía insistirán algunos que mi ciega fe nacionalista me obceca, evidentemente Soria ese gran referente nacionalista en el estado español, pero el día que Madrid deje ser la Comunidad Autónoma más rica del estado, centralizar la mayoría de inversiones estatales, y presentarse insistentemente a organizar unas olimpiadas como si fuera gratis, con el aplauso de PP, PSOE, IU y UPyD, me tomaré en serio esas acusaciones.

Reitero la idea inicial, un sistema electoral justo exige que todas las personas que voten tengan una capacidad real de incidir en las decisiones que nos afectan a todos, y un sistema proporcional marginará de forma evidente a las provincias menos pobladas. Eso no quiere decir que niegue que el actual sistema sea injusto, perjudica a unos y favorece a otros, pero el proporcional tendría los mismos efectos, perjudicaría a unos y favorecería a otros de forma muy evidente. Es necesario no usar apriorismo y debatir de todos los elementos del sistema electoral en conjunto, no sólo hablar de uno, la circunscripción única, lo que es simplista y muestra un claro centralismo de quienes proponen tal medida, porque la gran beneficiada sería Madrid, y luego Barcelona.

Finalmente, y como punto de partida para otra reflexión, afirmo que la política representativa es muy pobre para abarcar todas las necesidades de participación de la ciudadanía, y que personalmente lucharé por lograr mejoras en cuestiones relacionadas con la democracia directa, como iniciativas legislativas populares con referéndums vinculantes, petición de referéndums derogatorios de leyes, y un largo etc. de medidas en esta dirección. El 18 de diciembre me quedaré en casa, por un sistema electoral que nos permita a todas y todos sentirnos vinculados a las normas que se aprueben, y por la democracia participativa.

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