El régimen del 78 y la constitución del miedo.

noviembre 23, 2014

La constitución española envejece y lo hace como alguna serie de moda de los 80. Ni el decorado, ni la actuación, ni el guión tienen cabida en el 2000, la sociedad cambia y las leyes deben hacerlo con ella. La diferencia está en que nadie me obliga a ver series de los 80, pero sigo viviendo con una constitución que afecta a mi vida y que se cae de podre. Hay ciertos hechos objetivos y otros subjetivos en lo que a la reforma constitucional se refiere.
Lo primero la reforma de la constitución está blindada. El procedimiento de su reforma es casi imposible por lo que cualquier partido político que se meta en esa guerra puede salir fácilmente escaldado. Lo segundo el interés por reformar la constitución en los partidos del actual régimen es casi inexistente.
Sin embargo la constitución no es válida, no lo es desde sus principios y sus fundamentos, sin entrar a discutir si fue una herramienta útil en el 78, las consecuencias de votar NO a una constitución como la nuestra eran difícilmente predecibles y España tenía hambre de democracia, nos tragamos esta constitución porque era eso o probablemente la vuelta al franquismo sin Franco, nos merendamos una constitución que quedó “atada y bien atada” porque el hastío de la dictadura era tan grande que nos valía casi cualquier cosa que nos sacara del gris panorama político en el que se vivía, las ciudadanas querían vivir con más libertad, querían no rendir pleitesía a la iglesia, querían manifestarse, querían organizarse políticamente y sindicalmente y sabían que lo harían bajo el ojo escrutador del régimen o no lo harían. El omnipresente ejército de la “transición” no iba a permitirlo y nadie quería volver a las catacumbas. Así que se votó la constitución del miedo, del miedo a volver al franquismo, del miedo al ejército, del miedo a la iglesia, así que salvo unos cuantos, en general los ciudadanos del estado español no nos leímos la letra pequeña.
Otros países de nuestro entorno han cambiado sus constituciones sin grandes dramas, Austria lo ha hecho en unas 80 ocasiones, Alemania en unas 60, Francia 24, Portugal 12, Irlanda 27, España 2. Una para entrar en la Unión Europea y permitir a las europeas presentarse a las elecciones según el tratado de Maastrich y otra para incluir el concepto “estabilidad presupuestaria”. Ambas reformas menores.
Entonces ¿Porqué no se cambia?
Por miedo.
La constitución del 78 dejó con claridad un bando de vencedores y otro de vencidos (-y otro de vendidos, pero eso llegó después-), cerrando en falso las heridas entre “las dos Españas”, no afrontó intencionadamente los derechos de autodeterminación, impuso una monarquía parlamentaria, que desde luego era mejor que el general Franco, pero que no era más que otro anacronismo para dejar las cosas “atadas y bien atadas”, Franco dejaba su heredero en el trono y a la ciudadanía sin posibilidad a réplica.
Así que pasada la mayoría absoluta de Felipe González (-el bando de los vendidos-), que fue la gran oportunidad perdida, todos los partidos políticos tuvieron miedo. Miedo a perder privilegios, miedo a levantar heridas, con los republicanos, con los nacionalistas periféricos, con los nacionalistas centrales, con el ejército y hasta con la iglesia. Miedo. Miedo a que esta España “unida bajo la corona” estallase en los mil pedazos de los que realmente se compone, miedo a escuchar a la gente, miedo a abrir un proceso constituyente para el que ni estaban ni están preparados.
Necesitamos valentía, determinación, altura de miras y sin duda un amplio concepto de la libertad de las personas para afrontar lo que ya es una urgencia democrática en España. Una reforma constitucional que permita a las ciudadanas de este país decidir lo que quieren ahora y en el futuro, para que nuestros hijos y nietos no tengan que verse en estas mismas circunstancias a la vuelta de 20 años, para que si se decide que queremos tener Rey, dentro de 10 años podamos cambiar de opinión y decidir que ya no lo queremos, para que permitamos a los territorios del estado que tomen sus decisiones, si es que quieren tomarlas, y porque no, abrámosles las puertas si luego creen que se equivocaron y quieren rectificar. En este mundo salvo los principios éticos todo se puede negociar y luego, pues…… renegociar. Sin dogmatismos categóricos, lo que vale mañana no vale hoy ¿porqué?, porque los ciudadanos de este estado así lo deciden.
Como SIN MIEDO.